sábado, 7 de septiembre de 2013

Los colegios como albergues temporales

    De acuerdo con la UNICEF, cuando las comunidades son afectadas por un desastre y sus viviendas han sido dañadas, lo más esperado es que se utilicen espacios y edificios públicos como albergues hasta que puedan retornar a sus viviendas en condiciones de mayor seguridad. Entre los lugares que sirven como albergues se encuentran polideportivos, centros culturales, casa comunales, iglesias, escuelas, etc.

    Sin embargo, el emplear las escuelas como refugios temporales trae como consecuencias: la interrupción del proceso enseñanza aprendizaje, el deterioro de las aulas y laboratorios, el uso inadecuado del inmobiliario y equipo, el daño de los servicios higiénicos, la pérdida de útiles, materiales didácticos, etc. Todo ello contribuye a que al intentar retomar las actividades escolares, las escuelas no estén disponibles.


    Ante este hecho, se ha tratado de inculcar el derecho a la educación en situaciones de emergencia, pues se le considera un componente necesario de la asistencia temprana de socorro en emergencias, pues ayuda a mantener la salud mental de los niñas y niñas, permite reproducir los conocimientos educativos básicos para la sobrevivencia, contribuye al futuro desarrollo de las capacidades y recursos.




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Saber donar

  • Siempre debe haber una comunicación estrecha entre los donantes y receptores.
  • Algunos materiales especiales como equipo médico usado, tiendas de campaña y vacunas requieren algunas especificaciones precisas como documentación detallada sobre los mismos.
  • Aplicar un sistema de manejo de suministros que promueva la transparencia y la buena gestión de las donaciones.
  • Considerar que cada desastre es único y sus efectos sobre la salud dependen del grado de desarrollo del país afectado.
  • Las donaciones deben responder a las demandas reales de la zona afectada.
  • Se debe informar sobre lo que se requiere y aquello lo que no se necesita.
  • La ayuda en emergencia debe completar, no duplicar las medidas aplicadas por el país afectado.




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Mitos y Realidades sobre los desastres

    Ante la ocurrencia de desastres, muchas personas  aparecen con ideas preconcebidas acerca de la secuelas que traerán consigo, cómo se generan, quienes son los responsables, a quienes les compete actuar, etc.

    Los desastres debido a su magnitud e intensidad han traído como consecuencia la generación de ciertos mitos, los cuales se han mantenido en tiempo y espacio; es así que se aprecia que un mismo mito puede instalarse en distintas culturas alrededor del mundo y permanecer por décadas. Ante ello, surge las siguientes interrogantes: ¿Qué es un mito? ¿Por qué surgen los mitos y se sostienen en el tiempo?

   Según la Organización Panamericana de Salud – OPS (2005), un mito es “un relato de una secuencia histórica real cuya evocación o invocación sirve para organizar lo imaginario social y para cargar de afectividad el presente”. Su finalidad es dar explicación al origen de la vida y a las demás cuestiones filosóficas tradicionales.

“Estas creencias se constituyen en piedras angulares de las culturas y se reproducen entre generaciones; su origen se encuentra en alguna situación real, combinada con una interpretación subjetiva y modificada a través del tiempo. Así los mitos se reproducen como ideas no fundamentadas que explican algo que requiere explicación. Se sostienen en el tiempo porque la gente necesita creer en algo que dote de significado los hechos, sobre todo los más complejos, como los desastres, que traen sufrimiento, inestabilidad y muchas veces el caos(OPS, 2005).

   No obstante, los medios de comunicación juegan un papel importante en la reproducción de los mitos, ya que muchas veces brindan información inadecuada o no válida a la población  que se encuentra afectada por la conmoción ante dichos sucesos, generando aún más temor, en lugar de dilucidar sus dudas y miedos. Es por ello que resulta primordial brindar información que responda a las inquietudes de la población y les permita disipar dudas y  temores, con una visión participativa de la comunicación, que actúe como vía posible para la desmitificación.

   La OPS lleva alrededor de 20 años haciendo esfuerzos por disipar esos mitos; sin embargo, aún hoy en día mucho de ellos siguen vigentes.

De acuerdo con la OPS, entre los principales mitos y realidades se encuentran:

Mito 1: Los desastres son naturales.

Realidad: “Los desastres no son naturales, son sociales”.

Los desastres no son naturales, puesto que surgen a causa de factores físicos, sociales, políticos, económicos y ambientales, siendo nuestra responsabilidad la construcción del riesgo, por las actividades humanas mal planificadas y en ocasiones inescrupulosas que se realizan en zonas de riesgo. Las condiciones de vulnerabilidad de la población aumentan el riesgo de sufrir desastres.

Mito 2: Las epidemias y plagas por presencia de cadáveres son inevitables después de un desastre y requieren una vacunación masiva.

Realidad: “Las epidemias no surgen espontáneamente después de un desastre, y los cadáveres no causarán brotes catastróficos de enfermedades exóticas. Ni se requiere vacunación masiva a la población afectada. La clave para prevenir las enfermedades es mejorar las condiciones sanitarias y educar la población”.

Las epidemias provienen de enfermedades endémicas del área o por trasladar a un número amplio de personas a lugares insalubres y en condiciones de hacinamiento. Cubado los cadáveres  contaminan el agua de los arroyos, pozos u otras fuentes de agua, podrían transmitir gastroenteritis o síndromes de intoxicación alimenticia a los sobrevivientes. Resulta más probable que sean los sobrevivientes los que originen brotes de enfermedad. La vacunación implica dos a tres  inyecciones a intervalos de 2 – 4 semanas para la inmunización primaria, mas no se cuenta con vacunas para enfermedades transmisibles, por lo que no se justifica, a no ser que las medidas sanitarias recomendadas no hagan efecto.

Mito 3: Cualquier ayuda en situaciones de desastre es mejor que nada.

Realidad: “El despliegue indiscriminado de donaciones o ayuda por parte de la comunidad nacional, local o internacional a los afectados sin evaluación de necesidades, genera una inadecuada gestión de los recursos”.

La ayuda debe enmarcarse en base a las características y el impacto del evento. Las donaciones no solicitadas ocupan personal, espacio, equipo, suministros valiosos y recargan aún más los sistemas de transporte, impidiendo concentrar la atención en las necesidades urgentes de la zona afectada.

Mito 4: Después de un desastre todo regresa a la normalidad en pocas semanas.

Realidad: “Los efectos en las personas, la infraestructura y el ambiente duran mucho tiempo: desde meses hasta años. La atención de la emergencia o desastre desde el punto de vista operativo no significa que todo concluye, al contrario los procesos de rehabilitación y sobre todo reconstrucción, inician en su mayoría aislados a programas de desarrollo”.

Las limitaciones propias de las capacidades nacionales en términos de recursos, planificación, procedimientos e instrumentos institucionales, entre otros explican los largos períodos en acciones de reconstrucción.

Mito 5: Únicamente el personal y los servicios especializados pueden afrontar la problemática de salud mental en torno a los desastres.

Realidad: “El apoyo en salud mental puede provenir de grupos no especializados como la misma familia, grupos comunitarios, medios de comunicación social, personal de salud, etc.”.
Es importante que grupos y personas tengan formación e información acerca de la atención psicológica en desastres, orientación en crisis y manejo de grupos, con el fin de hacerlo conscientemente con previa preparación.

Mito 6: La prevención de los desastres es un gasto.

Realidad: “La prevención es una inversión en trasformaciones que reducen el riesgo a desastres y por tanto, los daños económicos, sociales y ambientales.”.

La prevención debe ser parte de una política de desarrollo que promueva acciones de reducción del riesgo, mediante la adecuada planificación nacional, que involucre diversos actores sociales, con el fin de lograr el compromiso para alcanzar la sostenibilidad a corto, mediano y largo plazo.

Mito 7: La población afectada está demasiado conmocionada e indefensa para asumir la responsabilidad de su propia supervivencia.

Realidad: “Por el contrario, muchas personas encuentran nuevas fuerzas durante una emergencia, y así han demostrado los miles de voluntarios que se unen para colaborar en labores de asistencia”.



Mito 8: La responsabilidad de brindar la respuesta en las emergencias le corresponde únicamente al gobierno o autoridades.

Realidad: “En situaciones de emergencia o desastre todos los actores sociales tiene la responsabilidad y/o juegan un papel importante en las acciones de respuesta que se realizan a nivel familiar, comunal, local, regional o nacional”.

    El pensar que sólo el gobierno o las instituciones del estado tiene el cargo de salvaguardar la vida humana, genera pasividad entre la población y establece dependencia.




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